Saltar al contenido.

Conoce a Paul Hobbs vía “El Consultor”

El consultor: una entrevista a Paul Hobbs

Nicolás Falcioni

Actualizada: 30/08/2005

Paul Hobbs cuenta sus inicios en la enología, el determinante descubrimiento de Francia y su tradición, las similitudes entre la California de los años 70 y la Argentina de los 90, su visión de los vinos argentinos en el exterior, y la intensa relación actual entre el hacedor de vinos y el artista.

Considerado uno de los mejores enólogos norteamericanos, Paul Hobbs sobresale dentro de una generación de jóvenes obsesionados por desarrollar la veta artística y pulsional de esa profesión. Para Hobbs el hombre puede manipular e imprimir su marca de estilo al vino. Ser su autor con todas las letras. También fue uno de los primeros en dar forma a la figura del consultor independiente en el mundo de la enología. Es uno de los denominados flying winemakers, especialistas nómades que van por el mundo aprovechando que la vendimia en Europa o Estados Unidos no coincide con la de Australia, Nueva Zelanda o Latinoamérica, y que además de tener sus propios emprendimientos, se la pasan asesorando a bodegas que, muchas veces, compiten entre sí. Un asesoramiento que no queda en lo puramente técnico sino que influye en las ideas y la filosofía de la bodega. Es decir que en las góndolas puede darse una disputa entre etiquetas de orígenes muy distintos, y en el fondo ser un fight “Hobbs contra Hobbs”. El otro muy conocido en estas pampas es su colega francés Michel Rolland.

“Las líneas aéreas están felices porque gasto mucho dinero viajando”, bromea Hobbs sentado en un sillón del lobby de su hotel en Buenos Aires, poco antes de salir para el tradicional restaurante Michelangelo, donde va a presentar las versiones malbec y cabernet sauvignon del Pascual Toso Reserve, en el que trabajó durante los últimos años. De hecho, del otro lado de la mesa ratona y los pocillos de café, escuchando con atención y participando de la charla está Alfredo Blousson, encargado del área comercial de Llorente, quien tiene una evidente amistad con nuestro entrevistado. “Te ves bien, estás bronceado”, le había dicho cariñosamente durante el reencuentro, cinco minutos antes. Según las acertadas palabras de la periodista Elisabeth Checa, Hobbs es “un hombre muy atractivo, sonriente, con sentido del humor, mirada franca y amable, que sabe bien lo que quiere”.

A Hobbs le gusta viajar, aunque a veces prefiera quedarse un período largo en su casa de Sonoma en California, donde también tiene su propia bodega. Si bien Chile y Argentina son sus destinos usuales de “la estación opuesta”, también asesora en Bulgaria, Tailandia y el Norte de Budapest. “Europa Oriental es muy interesante como lugar en desarrollo”, dice. A nuestro país llegó por primera vez hace más de 10 años (en el 98), convocado por Nicolás Catena. De aquella feliz yunta salió el Chardonnay St Felicien sin madera, vino que aún levanta exclamaciones de lujuria entre los conocedores.

  A esa altura Hobbs ya había tenido mecenas de peso en el entorno mundial del vino. A fines de los 70 lo contrató Robert Mondavi, primero como enólogo y luego como jefe del equipo del Opus One, considerado un vino top en California. Años más tarde, en Santa Rosa (también California) conoció a Andrea Marchiori y Luis Barraud, una joven pareja de argentinos abocados a unos trabajos de enología. Se hicieron amigos y empezaron un proyecto en una finca con viñedos de 50 años que el padre de Marchiore tiene en Mendoza. “Un terroir espectacular”, dice Hobbs. Así nació Viña Cobos, que en el 2003 ya facturaba U$S 350 mil, con sus marcas Cobos (U$S 70 en el mercado americano), Bramare (U$S 25) y la línea denominada Nativo (ronda los U$S 14).

En la vida del joven Paul todo parecía indicar que iba a ser agricultor, como lo era su numerosa familia de 10 hermanos criada entre manzanos, cerezos y durazneros en una finca de los alrededores de Nueva York. “Pero las oportunidades para mí ahí eran limitadas”, dice, con un gesto de evocación que lo abstrae por unos segundos, “yo atravesaba la etapa de dejar de ser un joven; quería hacer mi propia vida”. Repentinamente todo pareció girar hacia la medicina. “Mi Bisabuelo había sido un médico muy exitoso en Nueva York, entonces mis padres me dijeron “¿por qué no estudiás medicina?”, yo no sabía qué hacer, aunque sí sabía que no quería trabajar durante el invierno en Nueva York porque es muy incómodo. Entonces, estudié los programas para ingresar en Chicago, y me aceptaron”.

¿Qué pasó después?

Hobbs: conocí un profesor que hacía vinos; él empezó a enseñarme y me habó como un padre. Me dijo: “te gustan los viñedos, te gustan los vinos, te gusta esta industria, ¿por qué no vas a California?”. Y yo, que estaba listo para quedarme en el Este, terminé yéndome al Oeste. Dije OK, me voy a hacer vino, esto puede ser más divertido”. Y eso hice.

¿La mudanza a California en qué año fue?

Hobbs: Más o menos en 1974.

Alfredo Blousson: ese fue el momento en que nosotros acá leíamos que California estaba creciendo mucho. En 1975 fui a visitar a un amigo que estudiaba en la Universidad de Nueva York, él me dio un galón de vino californiano que era absolutamente intomable. ¡Bueno, éramos jóvenes y podíamos tomar cualquier cosa (risas).

Hobbs: Es cierto, yo también los tomaba, eran productos horribles, y recuerdo que me preguntaba por qué. Cuando llegué supe que tenía que ir a la Universidad, porque no tenía conocimientos previos. Entonces empecé a estudiar libros y después de un tiempo hice mi primer visita al Valle del Napa. Ese fue el comienzo, ahí terminé de conectarme con el vino y su mundo. La Universidad era muy teórica.

¿No tenías la experiencia en tu granja en Nueva York…?

Hobbs: Si, pero en California la agricultura es muy diferente. En ese momento era todo muy tecnológico, aunque muy básico en lo que hace a vinos, igual que como acá lo era hace unos años. Recuerdo que cuando llegué a Argentina dije “OK, acá estamos otra vez”. Fue como un perfecto déjà vu. Me impresionó mucho ver la excelente calidad de los viñedos y, al mismo tiempo, lo malo que era el vino. Argentina era como California 15 años antes.

Ahora sos muy conocido, pero… ¿cómo fueron los inicios?

Hobbs: sin mucho dinero, de hecho, cuando me mudé de Nueva York a California tenía 500 dólares y un auto malo, un Ford descascarado. Como no tenía dinero para viajar tuve que concentrarme en trabajar. Recién en 1984 hice mi primer viaje a Europa. Fui solo y visité Champagne, Chandón, Cognac y otras zonas. Cuando trabajas duro por algo y entrás a un mundo al que pensabas que era imposible entrar, es una enorme e increíble experiencia. Mi primera visita a Francia fue extraordinaria, uno de los mejores recuerdos de mi vida, conocí mucha gente y aprendí muchas cosas, iba a todos lados con los ojos abiertos de par en par. Fue una experiencia realmente transformadora.

Vos siempre te esforzaste en resaltar la capacidad creativa del enólogo, en contraposición a su función más instrumental en el proceso industrial ¿Qué relación hay entre enología y arte?

Hobbs: es interesante porque esa no fue la manera en la que yo comencé. Mis inicios fueron más científicos, clínica y técnicamente, según la manera en que se trabajaba en California. Nada que ver con lo artístico. Era famosa la expresión “Un vino grande es una ciencia, un buen vino es un arte”, incluso todos tenían una remera con esa inscripción. Cuando fui a Francia me encontré con que no sabían a ciencia cierta lo que era la fermentación, sólo después se dieron cuenta que su vino base se transformaba en champagne. Eso significa que ellos produjeron vinos durante años sin entender nada. Cuando me fui de las grandes empresas y empecé a trabajar por mi cuenta y como asesor, quise hacer algo más artístico, como lo estamos haciendo ahora en Toso, largas fermentaciones, alternativas más arriesgadas. Hago lo mismo con mi propio proyecto. Creo que es más emocionante.

¿Cómo fue en California? ¿Buscaban reproducir los vinos franceses, o se dieron cuenta que era imposible y entonces comenzaron a introducir un nuevo concepto?

Hobbs: Bueno, pienso que las dos cosas al mismo tiempo. Hay algunos productores haciendo cosas completamente diferente y otros, aún hoy, tratando de copiar a los franceses ¿quién puede decir cuál es el mejor vino?. Hace veinte años, Francia era casi “todo” al hablar de vinos. Hasta que en 1973, en una degustación en París los degustadores franceses no pudieron creen que entre los ganadores hubiera vinos californianos. Incluso después de eso la gente seguía creyendo en el modelo francés. Hoy, diría que California tiene su propia identidad, especialmente en el Valle del Napa. Mucha gente toma vinos franceses por su prestigio. Esta es una gran oportunidad para el futuro porque la gente joven no va a pensar de esta manera, algunos sí, pero la mayoría hoy dice “estoy seguro de quién soy y no necesito beber lo que otros eligen si no me gusta”. Esta es una enorme oportunidad para Argentina.

¿Considerás que hay vinos complejos a los que se debería llegar sólo después de atravesar un proceso de experimentación y aprendizaje? ¿Vinos que quizá no son para jóvenes sino para la madurez de la vida?

Hobbs: Es así, creo que debe empezarse por el nivel inicial, sentirnos cómodos en ese lugar y luego cambiar o agregar a eso que ya experimentamos; lo mismo que en el arte o la vestimenta. Por ejemplo, yo viajo con el mismo tipo de ropa que solía usar antes, pero ahora me gustan las cosas bien hechas, con detalles de calidad. Hay una especie de evolución sensorial cuyos estadios deben ser atravesados.

¿Cómo ves la performance de Argentina como productor de vinos Premium?

Lo que más aprecio de este país es su fuerte sentido de sí mismo, ese no perder quién es Argentina, donde lo auténtico se combina a la perfección con el estilo internacional. No conozco otro lugar que combine rusticidad y sofisticación como acá, ustedes tienen un muy desarrollado y particular sentido del estilo. Su cultura tiene carácter. Es una ventaja que está esperando ser explotada, pero quizá si uno es argentino y esta tan cerca de estas bondades no las puede ver fácilmente. Oí decir a importadores en Europa y Estados Unidos que Argentina esta en la cúspide. Más allá de esta percepción, el esfuerzo realizado por el país todavía se queda corto para alcanzar las grandes masas criticas del consumo mundial. Ahora hay muchas marcas y la calidad está elevándose cada año. La clave es trabajar juntos. Nosotros como productores independientes necesitamos a alguien que nos ayude. Argentina necesita competir, hacer lo que hizo Nueva Zelanda: crear un organismo, invitar a periodistas y mostrar el tango, el fútbol, la carne, todo aquello con lo que el mundo se hace una imagen del país.

¿Estuviste en China?

Hobbs: Aún no, pero hablé con Michael Jenkins, asesor internacional de Bodegas Toso, quien conoce Asia muy bien. Le pregunté, pero él cree que necesitan más tiempo, es un mercado que está cambiando rápidamente y necesitan más infraestructura. Cree que en 2 ó 3 años será más interesante. La pregunta es: ¿cuándo será el momento indicado?

¿Viste la película Sideways (traducida al español como “Entre Copas”)?

Hobbs: No, pero tengo que verla porque todos los días alguien me hace la misma pregunta.

Vía “El Consultor”

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: