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Crónicas detrás del Bar “Gin & Tonic” by Jesús Cabrera

Felipe es un cantinero de un hotel con fama dentro de su ciudad, muy responsable, atento y experimentado,  debido a su edad lo han delegado al pool bar del mismo hotel. Se pasa las horas sirviendo tragos tipo tikki pero mal interpretados y un sinfín de piñas coladas frozen con bastante crema de coco y jugo de piña. Suele platicar con chicas en traje de baño, jóvenes spring breaker´s y muchas nuevas parejas de esposos. Gana buenas propinas y domina de pies a cabeza sus labores de cada día como stock, inventarios, producción y pronóstico de ventas. Pero a veces añora poder salir de su rutina diaria.

            Un día poco antes de que caiga la tarde y halla el cambio de turno. Felipe estaba sirviendo como siempre pedidos de piñas coladas, pai ai y daiquirís de fresa. Dentro de ello un hombre con voz ronca le dice: ¡Me da un Gin & Tonic por favor! Felipe se detiene, mira a aquel caballero y lo examina según su edad y porte sin tomar mucho en cuenta la informalidad que la alberca le hacía tener. Pregunta. ¿Con alguna ginebra en particular? ¡London Dry Gin por favor! Sus ojos se iluminan y dice: permítame un segundo voy a sacar un limón fresco y un agua tónica embotellada.

             Expide los pedidos pendientes y ahora con calma y tiempo, se dispone a servir y entra en un estado de júbilo, pregunta, le gusta la ginebra con el guardia real en la etiqueta. Sí, la de los come carne de la Reina Anna de Inglaterra. ¡Qué tipo tan bien entendido de la ginebra! Se dijo.

            Las ginebras inglesas (a diferencia que las de su país de origen Holanda), tuvieron su mayor crecimiento en el periodo de los años 1702 a 1714 por decreto de la Reina Anna, que aumento los impuestos a bebidas importadas y favoreció a los productores locales con cuotas mucho menores. Los come carne (traducción de su apodo en inglés beefeaters), eran la guardia real. Que por ser de esa guardia tenían el privilegio de no solo poder comer una porción de carne al día; sino que también, una dotación de ginebra seca londinense para mantenerse en calor.

            Mientras servía la porción de ginebra, Felipe sigue con su escaneo. ¿Conoce usted el por qué le llaman Gin & Tonic? El señor fingió ignorancia al decir: no, pues la verdad no. Pero me encantaría escuchar el porqué. Felipe se dijo. ¡Es un apasionado de la ginebra pero no tanto de la coctelería!

            Pues le voy a contar.

            Su origen se sitúa en Perú alrededor del 1630 cuando una Condesa enfermó de las fiebres tropicales, ahora mejor conocidas como la malaria. Le recetaron un antídoto ancestral de los Incas, a base de la corteza del árbol de la quina. La Condesa sanó rápidamente y se empezó a utilizarse dicho brebaje como un remedio eficaz para la malaria. En 1820 logran aislar el agente activo llamándolo “quinina”. Pero no fue hasta 1870 que lo combinan con el agua gasificada del señor Schweppes, para beberlo y transportarlo a todo lugar. Schweppes le añadió ginebra para hacer el gusto amargo de la quina más agradable y darle matices de sabor. Y decidió nombrarlo Gin & Tonic. En función de que era un tónico para combatir la malaria. Con el paso del tiempo se le agregaron toques de limón o twist de limón y lima al gusto.

            Hoy le voy a dar un toque muy mío sobre un tonic. Twist de limón y una rodaja de pepino fresco, hielos nuevos y completos, vertemos con cuidado y sobre los hielos el agua tónica para no perder gas carbónico, una sola vuelta con ayuda del agitador y listo, tenemos un Gin & Tonic con estilo. ¡Espero sea de su agrado!

            El caballero dejaba ver una sonrisa y asintió curvando las cejas, probó y cerró los ojos para poder degustarlo mejor. En medio de ese calor y frescura contrastantes de la alberca, este tonic ofrecía el balance adecuado para dicha ocasión, haciéndolo exhalar el aliento con sutileza. Y se dijo a si mismo que fue la mejor elección de ese día. Hizo unas cuantas preguntas sobre bebidas y grandes licores a Felipe mientras acababa su trago. Al cobrar la cuenta Felipe encontró en el porta cheques una nota que decía Habitación 512, llámame para hablar de trabajo, te dejo mi tarjeta.

            La tarjeta decía:

Hotel Waldorf Astoria N.Y.

Ian Mc.Arthur

General Manager

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