Rodando por México

Sábado 26 de Marzo

 

Desperté a las 8 am, por alguna razón triste, por saber era el último día de esta gran aventura, para la que tuve que esperar por más de 8 años (tiempo que pasó desde una ruta larga como esta), pero al mismo tiempo muy emocionado porque reafirmé mi pasión por viajar y más sobre una motocicleta, queda decretado qué por lo menos una vez al año haré una ruta como esta en moto y espero en el mediano plazo tener la libertad para realizar el primero de mis 4 sueños, siendo el subir por la Costa Este de Estados Unidos, San Antonio, Houston, New Orleans, Atlanta, Washington DC, New York, Boston hasta Quebec, Montreal, Ottawa y Toronto, bajar a Chicago y recorrer la Ruta 66 hasta el muelle de Santa Mónica en California.

 

La sensación qué se conjuga al viajar en motocicleta es única, por un lado la integración con la máquina y el tener que controlarla a través del equilibrio, y de sus mandos, aceleración y frenado delantero, mano derecha, clutch, direccionales y computadora mano izquierda, cambio de las 6 velocidades pierna izquierda y freno trasero pierna izquierda, considerando el peso de la máquina de 350 kg, equipaje, piloto y del copiloto, hace un total de hasta 550 kg, todo esto, recayendo tan solo, en los brazos y piernas del piloto, cuyo objetivo, será el mantener el equilibrio para no caer, cuidando en cada instante el cómo ejercer mayor o menor velocidad, las revoluciones ideales para cada velocidad.

 

Frenado con motor y frenado con discos proporcional a 80% delanteros, 20% traseros, determinar la velocidad y ángulo para entrar a la curva, inclinar la moto, planear dentro de ella y acelerar para levantar la máquina y poder salir de la curva, con la vista siempre al punto de salida, (en el motociclismo terminas donde pones tu vista), en este viaje me acompañó la Chaparrita qué como todo copiloto juega un papel importantísimo ya que debe integrarse a la máquina y piloto, y actuar como uno solo, para no perder el equilibrio, para lo cual se requiere qué esta trilogía se base en la confianza, balance, armonía y conocer las capacidades y límites de cada uno para lograr el equilibrio necesario para no caer.

 

Hacer frente a los factores externos como las fuertes rachas de viento, baches así como todo tipo de situaciones como el rebase adecuado, la aceleración necesaria en curvas, frenado y hasta lo absurdo el estar parado en el tráfico o rodar a muy baja velocidad, en donde el clutch, acelerador y copiloto son esenciales ya que cualquier falso movimiento vas para abajo, pues bien como se podrán dar cuenta el rodar en motocicleta va mucho más allá qué el trasladarse de un punto a otro es una trilogía cuyo objetivo es mantener el equilibrio en cualquier tipo de circunstancia para no caer y en donde 3 se convierten en 1, esto sin mencionar la sensación de libertad a tu alrededor en la que literalmente vas volando sin nada a tu alrededor qué no sea la naturaleza misma.

 

Misma que se hace presente para sumarse a esa trilogía a través de sus manifestaciones como calor, frío, lluvia o viento, sumando condiciones al viaje qué lo hacen más placentero o bien lo convierten en un gran reto a vencer como lo fue el Norte qué enfrentamos de Villahermosa a Cancún, por esto y más viajar en moto es totalmente diferente ya que queriendo o no sacas a relucir todo tipo de sentimientos pero sobre todo forjas y fortaleces un gran carácter haciendo frente al miedo por los vientos o curvas, pero también al frío o calor, además de estar cansado, con sed, hambre o sueño, elementos qué controlas para lograr tu equilibrio y que al momento de tu llegada se convierten en anécdotas qué nunca tendrías si no fuese por viajar en motocicleta.

 

Viajar por motocicleta es un lujo qué pocos nos damos y no es otra cosa que sacudirte todo tipo de miedos y disfrutar plenamente del camino, quienes tenemos la suerte de rodar, conocemos el gran riesgo que enfrentamos y en ocasiones sin querer alcanzamos el límite y de repente nos encontramos en esa frágil y delgada línea qué hace la diferencia entre la vida y la muerte, gracias a Dios llegamos a ella a través de esta pasión y no a través de accidentes o enfermedades, quienes la hemos transitado, sabemos que vida hay una sola y que debemos de valorarla, disfrutarla, apreciarla y sobre todo vivirla plenamente como si fuese el último día, por esto mismo viajar en motocicleta es único.

 

Pues bien a eso de las 9:30 am estábamos listos para salir, decidimos parar en la tienda de Mérida, tomar un café y de ahí salimos rumbo a Cancún a eso de las 12:30 pm, el trayecto sería corto de tan solo 300 km, a medio camino, en Valladolid, decidimos parar en el parador en Doña Tere, para disfrutar de esos taquitos qué nos encantan, en mi caso ordené 2 de salpicón de res y 2 de de asada con queso de bola, buenísimos y lo que le sigue, mi Chaparrita algo similar y listos sin parar hasta llegar a casa, conforme nos acercábamos a Cancún, me entraba la nostalgia, ya no habría más ruta al día siguiente, nuevas ciudades qué visitar, pero queda la satisfacción de haber logrado recorrer más de 4,900 kilómetros acompañado de mi Chaparrita, quién demostró su gran entereza y sobre todo su disponibilidad para vivir juntos esta experiencia que quedará por siempre en el recuerdo.

 

Y así sin contratiempo alguno llegamos a casa a eso de las 4.30 pm, descargamos la moto, guardamos el equipo, nos bañamos y por fin caímos sobre la cama a descansar, cabe resaltar qué conforme alcanzamos la entrada a Zona Hotelera, otro sentimiento me invadió, el de sentirme en el paraíso, lejos de ofrecerme la conclusión de una aventura, sería el inicio de una nueva tal vez sin kilómetros para rodar pero si para navegar, así que estamos listos para vivir Cancún como se debe, disfrutar de su mar azul turquesa y playas ahora en la moto de agua, esperando nos acompañe la Chaparrita.

 

#GustoBuenVivir #GustoBuenViajar

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